literatura erotica

Las escenas más estremecedoras de la literatura erótica

Por Jessica Castro Martínez

Porque la literatura erótica va más allá de “50 sombras de Grey”, te presentamos una recopilación de las escenas más estremecedoras de los clásicos de la literatura erótica, un género que ha tomado relevancia en los últimos años pero que sin duda tiene grandes obras que no son tan conocidas como el fenómeno de la escritora E.L. James.

Si estás en búsqueda de algo más que romance te recomiendo que te acerques a la obra de los diferentes autores que a continuación citamos; la aspereza, arrebato y vehemencia caracterizan los siguientes relatos, que en más de un caso te dejarán prendado.

BRAMA

David Miklos

“Lo mío no era la elocuencia.

Yo, Béla, era un hombre de acción.

Un ser imperativo, yo.

Para muchos, y sobre todo si le hacen caso a András, yo no era más que una bestia, un bruto, uno de esos hombres que toman lo que quieren sin preguntar a quién le pertenece. (…)

 (…)Milena es prueba de ello.

Nada, ni siquiera la palabra de András, podía evitar que acabara conmigo, en mi lecho, sumisa ante mi brutalidad, convertida en mi esposa y no en la suya.

La vi y la supe mía.

Pronto la tuve.

Tuve su cuerpo, la penetré y la olí y lo supe con aún más certeza.”

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HISTORIA DE O

Pauline Réague

 

“Ella retiró sus manos y se apoyó en el respaldo del sofá. Sus senos eran muy abultados para su talle tan fino (…) ¿Por qué sir Stephen no acercaba a ella su boca, por qué no ponía la mano en los pezones que él había deseado ver erguirse y que ella sentía estremecerse? (…)

 ¿Por qué no la tomaba, aunque fuera para herirla? O se odiaba a sí misma por aquel deseo y odiaba a sir Stephen por su forma de dominarse. Ella quería que él la amara, esta es la verdad; que estuviera impaciente por tocar sus labios y penetrar en su cuerpo, que la maltratara incluso, pero que, en su presencia, no fuera capaz de conservar la calma ni de dominar el deseo.”

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LAS EDADES DE LULÚ

Almudena Grandes

“(…) después, en un movimiento tan bien sincronizado como si lo hubiera ensayado muchas veces, me metió la mano izquierda entre los muslos y la lengua en la boca y yo abrí las piernas y abrí la boca y traté de responderle como podía, como sabía, que no era muy bien.

—Estás empapada…

(…) Su lengua estaba caliente, y olía a ginebra. Me lamió toda la cara, la barbilla, la garganta y el cuello,(…) Yo sentía calor, sentía que mi sexo se hinchaba cada vez más, era como si se cerrara solo, de su propia hinchazón, y se ponía rojo, cada vez más rojo, (…) mi sexo engordaba ante algo que no era placer, nada que ver con el placer fácil, el viejo placer doméstico, esto no se parecía a ese placer, era más bien una sensación enervante, insoportable, nueva, incluso molesta, a la que sin embargo no era posible renunciar.”

las edades de lulú

 

JULIETA

Marqués de Sade

 

“—Cierra la puerta, pequeña —dijo la madre Delbéne dulcemente (…)

Desde el primer día que entraste a este convento he deseado tratarte íntimamente, querida niña (…)

 Al momento que desabrochaba ágilmente mi vestido, la bella abadesa acercó sus labios a los míos y me besó dulcemente. Luego, ya que la ropa hubo caído al suelo, me abrazó, y sus besos tomaron un carácter mucho más febril. (…)

 Eufrosina y yo nos abrazábamos y nos besábamos, utilizando la técnica recién aprendida de la madre Delbéne. La espléndida abadesa suspiró con deleite y se dejó caer sobre nosotras; su lengua caliente y húmeda se abrió paso por la parte interior de mis muslos; después cambió un poco de posición para dejar que Eufrosina hiciera lo mismo con ella, y yo, sometiéndome gozosamente al magnífico encanto de todo eso, agarré a la hermosa Eufrosina por las caderas y metí mi cabeza entre sus piernas, completando el terceto.”

 

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LA HISTORIA DEL OJO

Georges Bataille

“Hacia calor. Simone colocó el plato en un pequeño banco, se instaló ante mí y, sin desviar los ojos de los míos, se sentó mojando el trasero en la leche. Me quedé algún tiempo inmóvil, temblando, con la sangre en la cabeza, mientras ella observaba mi verga dilatando en el pantalón. Me acosté a sus pies. Ella ya no se movía; por primera vez vi su «carne rosa y negra» bañada en leche blanca. Permanecimos largo tiempo inmóviles, tan ruborizados el uno como la otra.

 Ella se levantó bruscamente: la leche resbaló por sus muslos hasta las medias. De pie por encima de mi cabeza, se secó con un pañuelo, poniendo un pie sobre el pequeño banco. Yo me frotaba la verga, agitándome en el suelo. Gozamos al mismo tiempo, sin habernos tocado el uno al otro.”

 

EL AMANTE

Marguerite Duras

“Me habla, dice que enseguida supo, ya desde la travesía del barco, que yo sería así después de mi primer amante, que amaría el amor, dice que ya sabía que le engañaría y que también engañaría a todos los hombres con los que estaría (…)

 Me siento feliz con todo lo que me vaticina y se lo digo. Se vuelve brutal, su sentimiento es desesperado, se arroja encima de mí, come los pechos infantiles, grita, insulta. Cierro los ojos a un placer tan intenso. Pienso: lo tiene por costumbre, eso es lo que hace en la vida, el amor, solo eso. Las manos son expertas, maravillosas, perfectas (…) Me trata de puta, de cochina, me dice que soy su único amor, y eso es lo que debe decir. Y eso es lo que se dice cuando se deja hacer lo que se dice, cuando se hace al cuerpo y buscar y encontrar y tomar lo que él quiere, y todo es bueno, no hay desperdicios, los desperdicios se recubren, todo es arrastrado por el torrente, por la fuerza del deseo.”

el amante

 

LOLITA

Vladimir Nabokov

“ (…) Después le acaricié el pelo y nos besamos suavemente. Su beso, para mi delirante confusión, tenía algunos cómicos refinamientos, así como una temblorosa excitación y unos penetrantes movimientos con la punta de la lengua, que me hicieron concluir que eran fruto de las enseñanzas recibidas de una pequeña lesbiana a edad bastante temprana (…)

 Pero no he de abrumar a mis cultos lectores con el informe detallado del desparpajo de Lolita en materia sexual. Básteme decir que no percibí ni pizca de modestia en aquella hermosa joven, muy poco formada, a la que la moderna coeducación, las costumbres juveniles, las sandeces de la «vida de campamento» y la inanidad general de la manera de vivir contemporánea habían corrompido de modo profundo e irrevocable (…)

  La pequeña Lo zarandeó mi pobre fuente de la vida con energía y de la manera más prosaica, igual que si hubiera sido un adminículo inanimado desconectado por completo de mi ser. Aunque estaba muy deseosa de impresionarme con el mundo de los adolescentes más osados sexualmente, no estaba preparada para ciertas discrepancias entre la fuente de la vida de un chaval y la mía. Solo el orgullo le impidió batirse en retirada, pues, dado lo extraño de mi situación, fingí una total estupidez y la dejé obrar a su antojo… Bueno, al menos, mientras me fue posible.”

Lolita

 

 

 

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